¿Por Qué la Musicalidad en el Tango?
Como la mayoría de los bailarines que comienzan a bailar tango, durante mis primeros años aprendí principalmente a través de figuras y movimientos. A medida que avanzaban las clases, aprendía nuevas combinaciones y, naturalmente, me concentraba en mejorar mi técnica. Como le ocurre a cualquiera que recorre cierto camino dentro del tango, con el tiempo me di cuenta de que el verdadero líder no es el bailarín, sino la música.
Después de un tiempo observando, empecé a notar grandes diferencias entre bailarines que realizaban exactamente los mismos movimientos. Algunas parejas no eran especialmente técnicas, pero se movían completamente integradas con la música. Captaban pequeños cambios musicales y reaccionaban a la energía de la orquesta. Era como si la música se volviera visible a través de ellas. Fue entonces cuando comenzó mi toma de conciencia sobre la importancia de la musicalidad en el tango (estoy hablando de principios de los años 2000).
En 2004, poco después de comenzar a estudiar bandoneón, participé en un taller de tres días impartido por Joaquín Amenábar, quien, hasta donde yo sé, fue el primer profesor de musicalidad en tango que enseñó en Turquía. Aquella experiencia cambió completamente mi perspectiva. A partir de ese momento, la música pasó a ser mi principal prioridad.
Tras algunos años de estudio, el conocimiento que adquirí a través de los arreglos y la interpretación de música de tango me permitió comprender mucho mejor ambas dimensiones del fenómeno. En 2007 realicé mi primer taller de Musicalidad en el Tango en Shine Dance Studio, en Ankara, y desde entonces he impartido esta formación en distintas escuelas de danza. Además, desde 2024 dicto en la Universidad Técnica de Oriente Medio (ODTÜ) una asignatura académica semestral y con créditos llamada Musicalidad en el Tango para estudiantes bailarines.
Pero dejemos de hablar de mí y concentrémonos en el tema.
Si pensamos en los roles de líder y seguidor dentro del tango, puede decirse que el líder es, ante todo, un intérprete musical. El líder no solo guía a su pareja; también transforma en movimiento la información que recibe de la música. El seguidor experimenta esa interpretación en su cuerpo y responde a ella mediante su movimiento.
Por esta razón, la tarea del líder no consiste únicamente en saber qué figura ejecutar, sino también en comprender qué está escuchando en ese momento de la música y ser capaz de transmitirlo a la danza que comparte con su pareja.
Sin embargo, la música de tango es mucho más compleja de lo que parece a primera vista.
Las orquestas de tango argentino presentan estructuras rítmicas muy marcadas, síncopas, marcatos y cambios repentinos de tempo y energía.
Muchos bailarines comienzan siguiendo únicamente el pulso básico. Pero cuando empiezan a escuchar con más atención, descubren que la orquesta está produciendo simultáneamente múltiples capas musicales. En particular, en los tangos para bailar, donde el foco principal es el bailarín, los músicos envían señales muy claras. Un bailarín familiarizado con la musicalidad del tango puede reconocer esas señales e incorporarlas a su baile.
Por ejemplo, mientras el contrabajo y el piano sostienen el ritmo fundamental, los bandoneones pueden introducir acentos sincopados, creando una estructura polirrítmica. O bien los violines pueden desarrollar la melodía mientras el piano ofrece al bailarín una alternativa rítmica.
La tarea del bailarín no consiste simplemente en seguir el tempo. Debe ser capaz de escuchar esas distintas capas —las señales que transmiten los músicos— y decidir, instante a instante, a cuál de ellas responder.
Una parte fundamental de la musicalidad en el tango está relacionada con la capacidad de escuchar.
Muchos bailarines creen que escuchan la música cuando en realidad solo están siguiendo el ritmo. Sin embargo, durante el trabajo de musicalidad empiezan a cobrar importancia preguntas como:
- ¿Qué instrumentos están llevando la melodía?
- ¿Cómo cambian las dinámicas de energía dentro de la orquesta?
- ¿Cómo reconocer las transformaciones rítmicas y traducirlas al movimiento?
- ¿Qué movimientos son más apropiados para la sección musical que está sonando en ese momento?
- ¿Cómo anticipar el flujo y la dirección de la música para prepararse con antelación?
Por estas razones, en las clases de Musicalidad en el Tango nuestro objetivo no es enseñar figuras, sino enseñar a escuchar.
Se estudian los elementos fundamentales de la música de tango, como el ritmo, las síncopas, la melodía, el tempo, las formas musicales, las frases, las pausas y los cambios de energía. También se analiza cómo distintas orquestas utilizan estos recursos de maneras particulares y características.
Como he mencionado muchas veces, este proceso suele ser más difícil de lo que la mayoría imagina.
La musicalidad no es una habilidad que pueda adquirirse en pocas semanas. Del mismo modo que un músico desarrolla su oído con el tiempo, el bailarín también debe entrenar progresivamente su capacidad de escucha. Conocer una orquesta, distinguir patrones rítmicos específicos, anticipar cambios y señales musicales y trasladarlos al movimiento requiere años de experiencia acumulada.
Sin embargo, la recompensa es enorme.
Porque llega un momento en que los bailarines dejan de bailar simplemente con música de fondo y comienzan a bailar con la propia música.
Las figuras pasan a un segundo plano. El movimiento se convierte en una extensión natural de la música y el tango deja de ser una sucesión de pasos para transformarse en una auténtica experiencia musical.
A medida que la musicalidad se desarrolla, el bailarín empieza a experimentar una misma orquesta de manera diferente cada vez que la escucha. Una frase de violín en una grabación de Carlos Di Sarli escuchada cientos de veces de pronto se vuelve evidente. Una melodía de bandoneón en una obra de Aníbal Troilo aparece donde antes pasaba desapercibida. Los momentos de tensión y resolución en un arreglo de Osvaldo Pugliese se vuelven claramente perceptibles.
De esta manera, el tango deja de ser una actividad basada en la repetición de figuras y se transforma en una experiencia viva que se redescubre en cada tanda.
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